11 mayo 2008

The Cans Festival


"Oye, Banksy, ¿por qué no contestas mis mensajes?". No hay respuesta a la misiva, sólo unas pocas pistas confusas. Las letras parecen calcadas del teclado de un ordenador y cuelgan de una pared en un túnel de Londres. Las presenta una joven sonriente como quien anuncia un día soleado frente al mapa del tiempo. Y las firma un tal Bandit, desviando la atención hacia el amo actual del grafiti. Banksy, también considerado líder del arte guerrillero, ha reunido a una treintena de artistas urbanos bajo un túnel en desuso de la estación de Waterloo, transformando un lúgubre espacio en un arcoíris de mensajes crípticos.

Hay cientos de murales y pintadas. En las paredes, el suelo y la bóveda del túnel de Leake Street. Contienen imágenes de personajes archiconocidos e individuos anónimos. Reflejan, en cierta forma, la dicotomía de una generación de artistas y artesanos que, como Banksy, se esconden detrás del anonimato de un apodo y saborean los frutos de la fama y el éxito comercial. Alicia sale de su País de las Maravillas para posar por una pasarela ante miradas atónitas de un grupo de conejos. Elvis Presley cambia la guitarra por una metralleta. Y un encapuchado, con la cara oscurecida, observa la sangre que le gotea del corazón. El cuchillo está en su mano, sugiriendo suicidio o una pelea perdida.

Los grafiteros están triunfando en Waterloo. Se apropiaron de los 1.000 metros del túnel el fin de semana pasado en el bautizado The Cans Festival, (La fiesta del bote), en referencia a su herramienta básica, el spray de pintura. No fue una iniciativa espontánea, sino el resultado de meses de negociación con los dueños y regentes del lugar, el Ministerio de Transporte y la compañía del Eurostar, el tren que cruza el Canal de la Mancha. Pero la respuesta del público superó las expectativas: 35.000 personas visitaron la exposición en los tres primeros días. "Aguardamos hora y media en cola para entrar, pero mereció la pena", dice Lucy Slater, vecina de la ciudad. "Una oportunidad única para entablar relaciones con y entre los artistas. El trabajo en equipo ha prevalecido sobre el individualismo, transmitiendo energía muy positiva", coincide PIA, responsable de seguridad y grafitera por un día.

El martes llegaron las grúas, los soldadores y las furgonetas. Se llevaron las instalaciones, pero dejaron los murales, que seguirán expuestos durante unos seis meses. Banksy anticipaba una movida probablemente más efímera. Así lo sugiere una de sus composiciones, construida con plantillas y rociados de pintura: un tipo va limpiando con un aspirador una pared rellena de animales rupestres. No la han borrado, ahí sigue, aunque algún talentoso del spray ha añadido marcas propias al original. En Leake Street prevalece la ley de la calle.

El grafiti ha invadido, de forma ordenada, un túnel cerrado al tráfico y el próximo 23 de mayo, el arte urbano dará un salto de gigantes, cortesía del museo Tate Modern. La popular galería de arte contemporáneo cederá, por primera vez, su fachada frente al Támesis a seis artistas internacionales, incluidos el barcelonés Sixeart. Pero también estarán por allí, durante cuatro días y un montón de acciones en las paredes del barrio de la institución, Eltono, Nuria, Nano y 3ttman, viejos conocidos de nuestras calles.

De la calle a la institución, recogiendo manadas de espectadores por el camino. "Yo nunca visito exposiciones de arte, pero esto es muy interesante", decía ayer el brasileño Julio Turis, frente a una pareja de ovnis esqueléticos besándose en el túnel de Waterloo. "No me gusta que pintorreen sobre ejemplos arquitectónicos, pero se descubre mucho talento técnico entre los autores de estos murales. Han creado un ambiente electrizante y están legitimando el arte urbano", defiende la pensionista Anne Barter. "Es la mejor propuesta artística que Londres nos ofrece este mes", resalta su amiga Pauline Dent. "Alegra el túnel", añade el ciclista Charles Lynn, quien ha inscrito unas palabras de protesta contra los coches en Leake Street. Una tentación que probablemente no podrá repetir en la fachada de la Tate.

Información extraída íntegramente del diario Público.

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