10 agosto 2008

Vicente Colom


Vicente Colom nació en Valencia en 1941 y a la temprana edad de 14 años comenzó a trabajar en la imprenta fundada en 1887 por Luis Farinetti que, por aquel entonces bajo la supervisión de Ernest Furió, realizaba el timbrado en relieve a través de placas de acero grabadas a mano con buril. Ésta actividad a la que dedicaría más de una decena de años, sería el elemento provocador de su interés y admiración por los pintores grabadores como Rembrandt, Goya y Durero, de los que reconoce algunas huellas e influencias en su arte.
Paralelamente, se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos hasta 1965, fecha en la que partió para París, donde viviría durante tres años, regresando a España tras los acontecimientos revolucionarios del Mayo del 68.
En esta ciudad sobrevivió dando clases de Yoga en el Centro Cultural de la India y trabajando como grabador. Sería en Paris cuando Colom se inclinaría casi definitivamente por el dibujo a pluma. Sus múltiples visitas al Musée Guimet, Musée Nacional des Arts Asiatiques, en cuyas colecciones se pueden encontrar importantes muestras de pintura tradicional china, le reafirmaron en el objetivo de conseguir las máximas calidades y volúmenes a través del blanco
y negro, del claroscuro y del dibujo.
En 1969 conoció a Federico Roble, director de la Galería Fortuny de Madrid, quien le introdujo en el entramado artístico de aquellos años. Un año antes de su llegada, había tenido lugar en la Galería Eurocasa de Madrid y posteriormente lo haría en la Galería As de Barcelona, la exposición «Antes del Arte» cuyo objetivo, según el teórico del grupo, Vicente Aguilera Cerni, era “rastrear el camino que va de la ciencia al arte”. En la misma línea de investigación, se proyectarían experiencias similares como las organizadas por el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid y, por otra parte, se reafirmaría la reacción de carácter heterogénea de la «Nueva Generación» contra la poética del informalismo, que Juan Antonio Aguirre consiguió plasmar en su libro Arte último, publicado en 1969.
Tras residir dos años en Asturias, se estableció en 1972 en Madrid donde compartió estudio con Vicente Peris hasta 1974. Ese mismo año también conoció en Munich a Pamela Shuts, una bailarina norteamericana con la que convivió durante siete años y a la que debe sus series sobre el movimiento y la figura humana: músicos ambulantes tocando instrumentos, violinistas en plena acción, tipos populares y especialmente aquellos temas dedicados a la danza. En 1975 comenzó su amistad con Raúl Chavarri, quien lo apoyaría y orientaría en su trayectoria artística. Durante finales de los setenta y principios de los ochenta, Colom compaginó la pintura al óleo y a la cera de corte expresionista –desnudos y paisajes- con el dibujo a pluma. Éste último prevalecería a partir de esos momentos y se caracterizaría por una cumulación dibujística tanto de contornos como de masas delimitadas en ciertas áreas del papel mientras que otras zonas quedaban presas, ocupadas por el vacío. Espantapájaros, pantalones y chaquetas melancólicas, hamacas, arlequines fueron sus temas preferidos. Los objetos parecían flotar en un ambiente inexistente, desolado, trasmitiendo desasosiego e inquietud como claro síntoma de la descomposición del soporte social tradicional de aquella España. Chavarri lo definió como un “remanso del realismo mágico o fantástico” de Franz Roh, como un “suscitador de imágenes capaz de convocar lo irreal, lo imaginable, y de construirse en una avanzada de pensamiento y de
las emociones más allá de los límites de la propia mente”.
Vicente Colom se mantuvo siempre independiente tanto de tendencias de corte realista, de lo cotidiano, como del hiperrealismo importado de Gran Bretaña y Estados Unidos, así como el pop y crítica socio-política tampoco llamaron su atención. Sin duda alguna, el conservar su independencia, ha sido una de las razones por las que Colom siempre ha compaginado su carrera artista con la de decorador y anticuario. Para él la decoración es un collage, un juego de combinación y de combinaciones eclécticas, mientras que el dibujo le conduce a la creación controlada y razonada. Colom dibuja del natural, su medio es la plumilla.
Colom se entusiasma por el detalle, por el acabado del dibujo “porque el realismo le permite especular con el fondo poético de las cosas”. Suele retomar sus temas una y otra vez tras largos descansos, puesto que para él sus series son formas distintas de ver y observar el mismo objeto o secuencia. En sus variaciones los contrastes y claroscuros se observan con mayor grado en la naturaleza y la plumilla permite esa elaboración de valoraciones y degradaciones tonales establecidas por un entramado de líneas y por el trazo continuo y uniforme pero aplicado rítmicamente. Pero sus paisajes no son del todo reales, los elementos que los conforman han sido alienados y aislados a través del detalle. En palabras de Román de la Calle, Colom "...simula y
construye –a partir de imágenes de la realidad más próxima y cotidiana- todo un universo imaginario, en un doble sentido de universo elaborado a partir de imágenes y de universo conformado a través de juegos de la imaginación".

Información extraída integramente del IVAM.