Hero from Miguel Endara on Vimeo.
Tiene su punto, ¿verda?13 diciembre 2011
28 octubre 2011
02 mayo 2010
Alicia en el Páis de las Maravillas por Atomic Antelope
Atómica Antelope es un estudio de diseño de software. Ellos han diseñado esta estupenda aplicación.
03 marzo 2010
La publicidad como medio para hacernos reflexionar sobre la realidad
Esos anuncios son objeto de una exposición en París.
Fuente rtve
14 enero 2010
Una obra maestra del estudio Prologue
Prologue se sale otra vez con el diseño de los títulos de créditos de la última película de Sherlock Holmes.
09 enero 2010
Kyle McDonald
Clouds Are Looming from Kyle McDonald on Vimeo.
Kyle McDonald, magistral.
07 enero 2010
14 noviembre 2009
La tecnología de un software reinventa el Reina Sofía
Fuente rtve.
Greguerias ilustradas por el fotógrafo Chema Madoz
Fuente rtve.
21 septiembre 2009
Un mundo de papel
SCRIBE MUNDO DE PAPEL from ladies on Vimeo.
El anuncio promociona la marca de libretas Scribe, y en él podemos ver cómo es un día cualquiera del protagonista, donde su casa, su cama, su cafetera, su ropa… su mundo entero está hecho de papel.
Para su realización, los muchachos de CRU DE LADIES usaron Nuke, After effects, 3dmax, Photoshop MacOS y windows. Tardaron solo dos semanas en tenerlo listo, y el resultado es asombroso.
Si quieres saber más de estos creativos, visita su web personal www.crudeladies.com.
Fuente movistar.
01 julio 2009
20 junio 2009
04 junio 2009
Gerhard Richter, entre la pintura y la fotografía
Fuente:"El País" por ISABEL LAFONT
19 agosto 2008
El Aula 28, una obra de arte
En el IES “Biello Aragón” de Sabiñánigo (Huesca) un grupo de profesores y alumnos cubrieron los muros de un aula con pinturas medievales.
Por Severino Pallaruelo
Tras cuatro años de trabajo el espacio quedó transformado: del habitual entorno blanco de las clases se pasó a un envoltorio lleno de colores y de formas que sorprende por la calidez y ofrece un interesante material didáctico para los temas de historia y de arte.
Un aula con altos techos blancos
El “Biello Aragón“ ocupa unos edificios construidos hace 25 años en torno a un patio central porticado. En el piso superior hay varias aulas con altos techos abuhardillados, que reciben luz natural por ventanales orientados a levante y a poniente. Fueron estas condiciones las que inspiraron a los profesores la idea de las pinturas.
El proyecto
Una vez tomada la decisión de cubrir el interior de un aula con pinturas, costó poco decidir qué se iba a pintar. Si se quería que la participación fuera amplia, y contando con que ni el alumnado ni el profesorado tenían experiencia alguna en este terreno, no podían elegirse obras de gran complejidad técnica. Las pinturas medievales, donde la perspectiva y el estudio de la luz no cuentan y las figuras se trazan con líneas sencillas y bien perfiladas, ofrecían un modelo adecuado.
Primero se trazó un programa iconográfico coherente y después se buscaron las figuras que se adaptaban al mismo. En el techo se representaría el mundo religioso ordenado según la jerarquía que aparece en los templos medievales. En el zócalo iría el mundo de los muertos. Entre ambos, cubriendo los muros, se situaría el mundo de los vivos, los estamentos de la sociedad medieval, los trabajos de cada mes, la caza, el pastoreo…
Mediante la consulta de publicaciones acerca de las pinturas murales románicas y de los códices miniados se fue conformando un banco de representaciones donde no sólo aparecían escenas o figuras sueltas sino un gran número de orlas que permitirían completar y enmarcar las secuencias elegidas.
Sobre los dibujos a escala de los muros y del techo se iba colocando el programa diseñado hasta comprobar que se ajustaba a los espacios que debía cubrir. A la vez íbamos resolviendo los temas prácticos: qué tipo de pintura usaríamos, cómo conseguiríamos los andamios, de qué modo simplificaríamos mediante el uso de plantillas el trazado de las orlas geométricas, qué haríamos con la instalación eléctrica, etc. etc. Quince días después ya teníamos los andamios colocados y comenzaban a aparecer en los muros las figuras de los frailes, de los guerreros y de las campesinas medievales. Lo que no esperábamos era pasar cuatro años con la clase invadida por los andamios y con los pupitres repartidos entre los amarillos tubos metálicos que sostenían las plataformas desde las que pintábamos por la tarde.
Un proceso largo y laborioso
Quizá si hubiéramos sabido que iba a ser tan largo no habríamos empezado. Fuimos optimistas. Dijimos: esto en Navidad está acabado. Trabajábamos dos tardes cada semana, fuera del horario escolar, desde las cuatro hasta las ocho, a veces hasta las nueve. Solíamos acudir tres o cuatro profesores y algunos alumnos, unos días dos, otros tres o cuatro, a veces media docena. En los días inmediatamente anteriores a las vacaciones, esas jornadas tan difíciles de organizar porque ya se ha hecho la evaluación y aún no ha comenzado el nuevo trimestre, reunimos a veinte alumnos y alumnas en los andamios durante seis horas cada día. Se avanzó mucho, pero fue insuficiente: las vacaciones llegaron y no habíamos cubierto ni una octava parte de la superficie. No importa, dijimos, para el verano estará acabado todo. Pero al llegar junio sólo habíamos pintado una cuarta parte del total. Estaba ya la majestuosa figura del Cristo de Taull y los doce apóstoles, estaban los guerreros y las campesinas, los cazadores, los pastores, Adán y Eva, San Miguel pesando las almas y algunos diablos. Pero todavía faltaba mucho.
El cuarto año hubo un momento de peligro. La obra parecía eterna y comenzábamos a estar hartos de colores y de figuras con rostro hierático. No teníamos ganas de seguir pintando caras con enormes ojos inexpresivos y manos acartonadas. Pero estábamos decididos a acabar la obra iniciada. Cambiamos de tema. En lugar de los oficios artesanales y de la vida en las ciudades medievales, que figuraban en el programa planteado para el cuarto muro, decidimos pintar dos trampantojos de arquitectura: una portada románica y un claustro. Todo en colores suaves, en una gama de ocres y de grises que permitiera descansar la vista y creara una sensación de continuidad espacial, de profundidad. La idea resultó oportuna: infundió nuevos ánimos a los pintores y permitió acabar el proyecto.
La iluminación
La instalación eléctrica original del aula había sido arrancada porque las conducciones estorbaban para realizar las pinturas. Era necesario colocar nuevas luces que cumplieran la doble función de servir a los usuarios habituales del aula y de alumbrar las pinturas. La tarea no resultaba fácil: los haces de luz que servían para una cosa estorbaban para la otra. Del proyecto y de la instalación se encargaron los alumnos de la rama profesional de electricidad que se imparte en el mismo instituto, dirigidos por el profesorado de la especialidad. Finalmente el alumbrado estuvo listo y el proyecto se dio por concluido. Los focos supusieron el mayor gasto. Lo demás no había costado apenas nada. Cien euros para pintura. Eso fue todo.
Multidisciplinar y transversal
El impulso inicial de proyecto fue sólo eso: un impulso. Teníamos ganas de hacer algo, nos seducía la idea de transformar el espacio, queríamos notar la sensación de vernos envueltos en colores y en formas aprovechando la amplitud del espacio y la calidad de la luz. Nada más. No hicimos cálculos acerca de cuánto tiempo podía costar cubrir con figuras casi doscientos metros cuadrados de muro, no se realizó una programación exhaustiva donde se descompusieran explícitamente los objetivos, ni se redactó un cronograma realista. Sabíamos que realizaríamos tareas muy diversas, que aprenderíamos –todos, el alumnado y el profesorado– muchas cosas y que invertiríamos mucho tiempo. Nada más.
Hay cosa que son fáciles de programar y de evaluar: cómo se emplearán las imágenes para trabajar el estudio de la mentalidad y de la sociedad medievales, qué uso se hará de las mismas para explicar el arte románico o cómo contribuirán al conocimiento de la historia de las religiones. Todo eso se pensó al programar la actividad y sigue teniendo vigencia. Pero la obra tuvo otros valores con incidencia particular en quienes participaron en la realización, en aquellos profesores y alumnos que pasaron muchas horas en los andamios pintando, debatiendo acerca de los problemas que se iban presentando, fabricando colores, elaborando plantillas de cartón, dibujando siluetas a lápiz, manejando taladros, amasando yeso, moviendo y montando andamios, planificando las tareas, modificando las previsiones. Fue un aprendizaje no previsto, algo muy instructivo no planificado: la suma de competencias que exige la culminación de un proyecto amplio y complejo. Y la audacia. A veces va bien ser audaces en los proyectos, implicar a mucha gente, imaginar tareas grandes. Las cosas que parecen sólo juegos no acaban de atrapar a algunos alumnos y a muchos profesores. Los más entusiastas quieren hacer cosas de verdad. Hasta cuando juegan.
Las pinturas quedaron concluidas. El aula se ha empleado con normalidad para dar clases de geografía y de historia. A veces han venido grupos escolares de otras ciudades a verla. A quienes pintamos nos gusta mirar la cara que ponen los que llegan a contemplarla por primera vez: muestran en los ojos cierto asombro y un poco de incredulidad. Les parece raro que en la obra participaran alumnos y alumnas como ellos. También en eso hay una lección que aprender: con entusiasmo, constancia, laboriosidad y trabajo en equipo pueden hacerse más cosas de las que uno se imagina.
Información extraída íntegramente de la REVISTA PROFESIONAL. Nº 515, Mayo 2008, del sindicato ANPE.
16 agosto 2008
Spot Audi RS6, Gymnasts, Gymnastics UK
Echad un vistazo a este anuncio, no os defraudará.
13 agosto 2008
11 agosto 2008
Cómo pintar sin miedo

La sensación reverbera en las almas de los ocho pintores que Juan Genovés (Valencia, 1930) ha escogido para el taller que imparte en los cursos de verano de la Universidad Complutense en San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Ocho de entre sesenta solicitudes.
Otra vez el ritual de espantar a los demonios que atenazan a los creadores, el santo oficio de ayudarles a liberar su angustia.
"Durante demasiado tiempo se han alimentado los mitos. Se ha divinizado la soledad del artista, se ha fomentado la rivalidad con sus colegas. Y siempre hubo talleres. Los pintores no pueden mirar su ombligo, necesitan relacionarse con otros. Solo no sabes traspasar los límites, los miedos", explica el artista.
¿Miedo a qué? Genovés esboza una sonrisa franca; los ojos se tornan espejos, miran hacia su dilatada trayectoria. Hacia tantas y tantas obras, tantos y tantos premios. El peso incluso de su mítico lienzo Amnistía, símbolo de la Transición: "A veces uno no sabe qué es el miedo. Temes enfrentarte a la tela en blanco, fracasar, no gustar... Y no arriesgas. Yo les digo que hagan barbaridades, que intenten lo imposible. Estoy aquí para hacerles valientes. Deben buscarse a sí mismos, procurar la autenticidad más que perseguir la originalidad".
La válvula de escape
Genovés sugiere, incentiva. Camina entre las obras, paladeando cada paso con sus masais castaños en los pies. Las escanea con la mirada. "Te falta la sorpresa", le susurra a uno de sus alumnos, le pide riesgo.
Que no repita y experimente. Puede expandirse en el taller, forrado de plástico, salpicado de gotas de pintura. Los soportes (papel o lienzo) se comen el pavimento. "La gran conquista fue poder pintar en el suelo. Lo hacía Fra Angelico en el siglo XV y después Pollock y Picasso. Pintar es oficiar. Poner en vertical tu obra cuando la has concluido es sellar ese ritual. Deja de ser tuya. Es de los demás, de los espectadores, los dueños reales del cuadro", ilustra.
Trinidad Trull, a escasos metros, acaricia un pequeño fragmento de papel embadurnado de pigmento. Es una pieza de su collage, de ese puzle que, completado, dará vida a la cara de una niña. "Soy anestesista pediátrica en el Vall d'Hebron y hace 12 años descubrí la pintura. No he podido parar. Me sirve como válvula de escape para arrojar el estrés, el vacío y la pena que a veces se te queda dentro".
Trinidad quiere expresar los sentimientos del ser humano", llegar al fondo, y por eso aprecia la "lección de creatividad" de Genovés: "Nos enseña a arrinconar la cobardía, a usar nuevos recursos, técnicas que no están en los libros". Hay que sacar petróleo de uno mismo. Y la atmósfera lo da. El contacto con los compañeros. A veces también otro arte, la música: "Me he puesto Antony and the Johnsons y me he dejado llevar. Quería bailar con el pincel, sin pensar".
Estefanía Urrutia dice haberse redescubierto. De sentirse pintora realista a probar con nuevos trazos, nuevas manchas. "Te sorprendes de lo que eres capaz. Estos días he sacado la influencia de Matisse. Estaba ahí, dormida. ¡Esto está siendo una experiencia terapéutica!", dice.
Su voz de azúcar conduce al sentido del arte: "Hago pintura realista desde la honestidad. La propia realidad es algo fascinante a la que no quiero renunciar".
Cómo, y no qué
Más allá, Marta González Alique rechaza volver hoy a los cromos, la pintura figurativa, la que dibuja fielmente el mundo: "Busco vida, que la gente vibre, se emocione". Eduardo López, el único chico en el taller, persigue en cambio "el compromiso político", como el que Genovés ha pulsado en su carrera: "No podemos ser neutrales como artistas. Apoyas un bando u otro, el de los explotados o el de los explotadores. Hay muchos diamantes en bruto y muchos brutos con diamantes", concluye. López camina y se detiene ante su obra. Al momento, sobreviene la pregunta: ¿qué es?
La plástica no se puede explicar con palabras. La pintura no es literatura. Es otro lenguaje, el de la mirada, y ese hace falta educarlo", Genovés hilvana sentencias como puños. Lúcido, sereno, con la carga del inmenso bagaje de sus 78 insólitos años: "No importa qué expresas, sino cómo lo haces". Esto, la pintura, "es la vanguardia", musita. "No la retaguardia", precisa. Sigue viva. Se puede tocar. Y, sobre todo, mirar.
Información extraída íntegramente del diario "Público", artículo de JUANMA ROMERO - San Lorenzo de El Escorial - 07/08/20008.
Somos predeciblemente irracionales






