11 junio 2013
13 diciembre 2011
Echad un vistazo a este vídeo de Miguel Endara
Hero from Miguel Endara on Vimeo.
Tiene su punto, ¿verda?14 enero 2010
Una obra maestra del estudio Prologue
Prologue se sale otra vez con el diseño de los títulos de créditos de la última película de Sherlock Holmes.
09 enero 2010
Kyle McDonald
Clouds Are Looming from Kyle McDonald on Vimeo.
Kyle McDonald, magistral.
11 noviembre 2009
07 junio 2009
Parque temático de la confusión Las propuestas más interesantes y los notables esperpentos de la Bienal de Venecia
04 junio 2009
Gerhard Richter, entre la pintura y la fotografía
Fuente:"El País" por ISABEL LAFONT
31 marzo 2009
02 diciembre 2008
ENTREVISTA: ANISH KAPOOR Escultor "Ando en busca del no-objeto"
Pregunta. La instalación Islamic Mirror se presenta como una precisa y poética síntesis de geometría y espiritualidad. ¿Cómo ha llegado a la concepción de esta pieza?
Respuesta. Islamic Mirror surge de un largo proceso en el que he venido trabajando con espejos cóncavos. Este tipo de espejos reflejan el mundo de forma invertida. El hueco se convierte en un espacio lleno de reflejos y no simplemente en un espejo curvo. Se trata de una realidad perceptual y física. Islamic Mirror procede del estudio de las matemáticas islámicas y la repetición de dibujos. Cada uno de los pequeños espejos es plano, y por lo tanto refleja una imagen que se corresponde con la real. Sin embargo, como superficie continua, la obra da una imagen invertida. De esa forma, Islamic Mirror refleja a la vez la imagen en posición normal y al revés.
P. ¿Qué cualidades de los espejos le interesan más para su obra: el reflejo del espectador (y su complicidad), la invisibilidad, la frialdad...?
R. Los espejos son objetos muy complejos. Durante muchos años realicé formas cóncavas muy oscuras. Creaban espacios "llenos" de oscuridad. Los espejos cóncavos con los que he trabajado están llenos, de la misma forma, de esa cualidad especular. Ando en busca del no-objeto. En los espejos me interesa su calidad de material no objetual.
P. Suele hacer estudios sobre la percepción de la escala para cada una de sus obras. Tanto el efecto físico como el psicológico. Creo que usted ha hablado en alguna ocasión de "escultura mental". ¿Qué quería decir?
R. La escala lo es todo en escultura. No temo hacer piezas grandes pues la enormidad es una de las herramientas de la escultura. Citando a Barnett Newman, la escala es cuestión de contenido, no de tamaño. Por eso es importante tener en cuenta el significado y el sentido de una pieza que nos seduce con su poesía. Como creo profundamente en la idea del no-objeto, puedo concebir una obra que exista sólo en la imaginación.
P. La experiencia al ver su obra suele despertar una reacción emocional inmediata en el espectador. ¿Despertar esas reacciones es algo que usted planifica en sus obras?
R. El espectador tiene que manejar su propia emocionalidad. Mi trabajo es sólo provocarla. El arte puede tener el poder de crear cierta intimidad y me interesa crear obras que establezcan una relación íntima y formal con el espectador.
P. Memory, la nueva escultura que inauguró este fin de semana en el Guggenheim de Berlín, ocupa -obstruye- casi por completo una sala. ¿Qué es lo que más le interesa en la relación entre escultura y arquitectura?
R. Memory es en cierto modo una "escultura mental". Sólo permite una visión restringida de sí misma y del espacio en el que se encuentra. Para poder tener una imagen total de ella hay que reconstituir tres perspectivas distintas. Ya hice algo relacionado con esto en mi instalación titulada Marsyas en la Sala de Turbinas de la Tate Modern, donde nadie podía tener una visión completa de la obra, y el objeto parecía mayor que el espacio que ocupaba.
Fuente: EL PAÍS
28 noviembre 2008
20 agosto 2008
19 agosto 2008
El Aula 28, una obra de arte
En el IES “Biello Aragón” de Sabiñánigo (Huesca) un grupo de profesores y alumnos cubrieron los muros de un aula con pinturas medievales.
Por Severino Pallaruelo
Tras cuatro años de trabajo el espacio quedó transformado: del habitual entorno blanco de las clases se pasó a un envoltorio lleno de colores y de formas que sorprende por la calidez y ofrece un interesante material didáctico para los temas de historia y de arte.
Un aula con altos techos blancos
El “Biello Aragón“ ocupa unos edificios construidos hace 25 años en torno a un patio central porticado. En el piso superior hay varias aulas con altos techos abuhardillados, que reciben luz natural por ventanales orientados a levante y a poniente. Fueron estas condiciones las que inspiraron a los profesores la idea de las pinturas.
El proyecto
Una vez tomada la decisión de cubrir el interior de un aula con pinturas, costó poco decidir qué se iba a pintar. Si se quería que la participación fuera amplia, y contando con que ni el alumnado ni el profesorado tenían experiencia alguna en este terreno, no podían elegirse obras de gran complejidad técnica. Las pinturas medievales, donde la perspectiva y el estudio de la luz no cuentan y las figuras se trazan con líneas sencillas y bien perfiladas, ofrecían un modelo adecuado.
Primero se trazó un programa iconográfico coherente y después se buscaron las figuras que se adaptaban al mismo. En el techo se representaría el mundo religioso ordenado según la jerarquía que aparece en los templos medievales. En el zócalo iría el mundo de los muertos. Entre ambos, cubriendo los muros, se situaría el mundo de los vivos, los estamentos de la sociedad medieval, los trabajos de cada mes, la caza, el pastoreo…
Mediante la consulta de publicaciones acerca de las pinturas murales románicas y de los códices miniados se fue conformando un banco de representaciones donde no sólo aparecían escenas o figuras sueltas sino un gran número de orlas que permitirían completar y enmarcar las secuencias elegidas.
Sobre los dibujos a escala de los muros y del techo se iba colocando el programa diseñado hasta comprobar que se ajustaba a los espacios que debía cubrir. A la vez íbamos resolviendo los temas prácticos: qué tipo de pintura usaríamos, cómo conseguiríamos los andamios, de qué modo simplificaríamos mediante el uso de plantillas el trazado de las orlas geométricas, qué haríamos con la instalación eléctrica, etc. etc. Quince días después ya teníamos los andamios colocados y comenzaban a aparecer en los muros las figuras de los frailes, de los guerreros y de las campesinas medievales. Lo que no esperábamos era pasar cuatro años con la clase invadida por los andamios y con los pupitres repartidos entre los amarillos tubos metálicos que sostenían las plataformas desde las que pintábamos por la tarde.
Un proceso largo y laborioso
Quizá si hubiéramos sabido que iba a ser tan largo no habríamos empezado. Fuimos optimistas. Dijimos: esto en Navidad está acabado. Trabajábamos dos tardes cada semana, fuera del horario escolar, desde las cuatro hasta las ocho, a veces hasta las nueve. Solíamos acudir tres o cuatro profesores y algunos alumnos, unos días dos, otros tres o cuatro, a veces media docena. En los días inmediatamente anteriores a las vacaciones, esas jornadas tan difíciles de organizar porque ya se ha hecho la evaluación y aún no ha comenzado el nuevo trimestre, reunimos a veinte alumnos y alumnas en los andamios durante seis horas cada día. Se avanzó mucho, pero fue insuficiente: las vacaciones llegaron y no habíamos cubierto ni una octava parte de la superficie. No importa, dijimos, para el verano estará acabado todo. Pero al llegar junio sólo habíamos pintado una cuarta parte del total. Estaba ya la majestuosa figura del Cristo de Taull y los doce apóstoles, estaban los guerreros y las campesinas, los cazadores, los pastores, Adán y Eva, San Miguel pesando las almas y algunos diablos. Pero todavía faltaba mucho.
El cuarto año hubo un momento de peligro. La obra parecía eterna y comenzábamos a estar hartos de colores y de figuras con rostro hierático. No teníamos ganas de seguir pintando caras con enormes ojos inexpresivos y manos acartonadas. Pero estábamos decididos a acabar la obra iniciada. Cambiamos de tema. En lugar de los oficios artesanales y de la vida en las ciudades medievales, que figuraban en el programa planteado para el cuarto muro, decidimos pintar dos trampantojos de arquitectura: una portada románica y un claustro. Todo en colores suaves, en una gama de ocres y de grises que permitiera descansar la vista y creara una sensación de continuidad espacial, de profundidad. La idea resultó oportuna: infundió nuevos ánimos a los pintores y permitió acabar el proyecto.
La iluminación
La instalación eléctrica original del aula había sido arrancada porque las conducciones estorbaban para realizar las pinturas. Era necesario colocar nuevas luces que cumplieran la doble función de servir a los usuarios habituales del aula y de alumbrar las pinturas. La tarea no resultaba fácil: los haces de luz que servían para una cosa estorbaban para la otra. Del proyecto y de la instalación se encargaron los alumnos de la rama profesional de electricidad que se imparte en el mismo instituto, dirigidos por el profesorado de la especialidad. Finalmente el alumbrado estuvo listo y el proyecto se dio por concluido. Los focos supusieron el mayor gasto. Lo demás no había costado apenas nada. Cien euros para pintura. Eso fue todo.
Multidisciplinar y transversal
El impulso inicial de proyecto fue sólo eso: un impulso. Teníamos ganas de hacer algo, nos seducía la idea de transformar el espacio, queríamos notar la sensación de vernos envueltos en colores y en formas aprovechando la amplitud del espacio y la calidad de la luz. Nada más. No hicimos cálculos acerca de cuánto tiempo podía costar cubrir con figuras casi doscientos metros cuadrados de muro, no se realizó una programación exhaustiva donde se descompusieran explícitamente los objetivos, ni se redactó un cronograma realista. Sabíamos que realizaríamos tareas muy diversas, que aprenderíamos –todos, el alumnado y el profesorado– muchas cosas y que invertiríamos mucho tiempo. Nada más.
Hay cosa que son fáciles de programar y de evaluar: cómo se emplearán las imágenes para trabajar el estudio de la mentalidad y de la sociedad medievales, qué uso se hará de las mismas para explicar el arte románico o cómo contribuirán al conocimiento de la historia de las religiones. Todo eso se pensó al programar la actividad y sigue teniendo vigencia. Pero la obra tuvo otros valores con incidencia particular en quienes participaron en la realización, en aquellos profesores y alumnos que pasaron muchas horas en los andamios pintando, debatiendo acerca de los problemas que se iban presentando, fabricando colores, elaborando plantillas de cartón, dibujando siluetas a lápiz, manejando taladros, amasando yeso, moviendo y montando andamios, planificando las tareas, modificando las previsiones. Fue un aprendizaje no previsto, algo muy instructivo no planificado: la suma de competencias que exige la culminación de un proyecto amplio y complejo. Y la audacia. A veces va bien ser audaces en los proyectos, implicar a mucha gente, imaginar tareas grandes. Las cosas que parecen sólo juegos no acaban de atrapar a algunos alumnos y a muchos profesores. Los más entusiastas quieren hacer cosas de verdad. Hasta cuando juegan.
Las pinturas quedaron concluidas. El aula se ha empleado con normalidad para dar clases de geografía y de historia. A veces han venido grupos escolares de otras ciudades a verla. A quienes pintamos nos gusta mirar la cara que ponen los que llegan a contemplarla por primera vez: muestran en los ojos cierto asombro y un poco de incredulidad. Les parece raro que en la obra participaran alumnos y alumnas como ellos. También en eso hay una lección que aprender: con entusiasmo, constancia, laboriosidad y trabajo en equipo pueden hacerse más cosas de las que uno se imagina.
Información extraída íntegramente de la REVISTA PROFESIONAL. Nº 515, Mayo 2008, del sindicato ANPE.
14 agosto 2008
Iwamoto Scott Architecture: Voussoir Cloud
11 agosto 2008
Cómo pintar sin miedo

La sensación reverbera en las almas de los ocho pintores que Juan Genovés (Valencia, 1930) ha escogido para el taller que imparte en los cursos de verano de la Universidad Complutense en San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Ocho de entre sesenta solicitudes.
Otra vez el ritual de espantar a los demonios que atenazan a los creadores, el santo oficio de ayudarles a liberar su angustia.
"Durante demasiado tiempo se han alimentado los mitos. Se ha divinizado la soledad del artista, se ha fomentado la rivalidad con sus colegas. Y siempre hubo talleres. Los pintores no pueden mirar su ombligo, necesitan relacionarse con otros. Solo no sabes traspasar los límites, los miedos", explica el artista.
¿Miedo a qué? Genovés esboza una sonrisa franca; los ojos se tornan espejos, miran hacia su dilatada trayectoria. Hacia tantas y tantas obras, tantos y tantos premios. El peso incluso de su mítico lienzo Amnistía, símbolo de la Transición: "A veces uno no sabe qué es el miedo. Temes enfrentarte a la tela en blanco, fracasar, no gustar... Y no arriesgas. Yo les digo que hagan barbaridades, que intenten lo imposible. Estoy aquí para hacerles valientes. Deben buscarse a sí mismos, procurar la autenticidad más que perseguir la originalidad".
La válvula de escape
Genovés sugiere, incentiva. Camina entre las obras, paladeando cada paso con sus masais castaños en los pies. Las escanea con la mirada. "Te falta la sorpresa", le susurra a uno de sus alumnos, le pide riesgo.
Que no repita y experimente. Puede expandirse en el taller, forrado de plástico, salpicado de gotas de pintura. Los soportes (papel o lienzo) se comen el pavimento. "La gran conquista fue poder pintar en el suelo. Lo hacía Fra Angelico en el siglo XV y después Pollock y Picasso. Pintar es oficiar. Poner en vertical tu obra cuando la has concluido es sellar ese ritual. Deja de ser tuya. Es de los demás, de los espectadores, los dueños reales del cuadro", ilustra.
Trinidad Trull, a escasos metros, acaricia un pequeño fragmento de papel embadurnado de pigmento. Es una pieza de su collage, de ese puzle que, completado, dará vida a la cara de una niña. "Soy anestesista pediátrica en el Vall d'Hebron y hace 12 años descubrí la pintura. No he podido parar. Me sirve como válvula de escape para arrojar el estrés, el vacío y la pena que a veces se te queda dentro".
Trinidad quiere expresar los sentimientos del ser humano", llegar al fondo, y por eso aprecia la "lección de creatividad" de Genovés: "Nos enseña a arrinconar la cobardía, a usar nuevos recursos, técnicas que no están en los libros". Hay que sacar petróleo de uno mismo. Y la atmósfera lo da. El contacto con los compañeros. A veces también otro arte, la música: "Me he puesto Antony and the Johnsons y me he dejado llevar. Quería bailar con el pincel, sin pensar".
Estefanía Urrutia dice haberse redescubierto. De sentirse pintora realista a probar con nuevos trazos, nuevas manchas. "Te sorprendes de lo que eres capaz. Estos días he sacado la influencia de Matisse. Estaba ahí, dormida. ¡Esto está siendo una experiencia terapéutica!", dice.
Su voz de azúcar conduce al sentido del arte: "Hago pintura realista desde la honestidad. La propia realidad es algo fascinante a la que no quiero renunciar".
Cómo, y no qué
Más allá, Marta González Alique rechaza volver hoy a los cromos, la pintura figurativa, la que dibuja fielmente el mundo: "Busco vida, que la gente vibre, se emocione". Eduardo López, el único chico en el taller, persigue en cambio "el compromiso político", como el que Genovés ha pulsado en su carrera: "No podemos ser neutrales como artistas. Apoyas un bando u otro, el de los explotados o el de los explotadores. Hay muchos diamantes en bruto y muchos brutos con diamantes", concluye. López camina y se detiene ante su obra. Al momento, sobreviene la pregunta: ¿qué es?
La plástica no se puede explicar con palabras. La pintura no es literatura. Es otro lenguaje, el de la mirada, y ese hace falta educarlo", Genovés hilvana sentencias como puños. Lúcido, sereno, con la carga del inmenso bagaje de sus 78 insólitos años: "No importa qué expresas, sino cómo lo haces". Esto, la pintura, "es la vanguardia", musita. "No la retaguardia", precisa. Sigue viva. Se puede tocar. Y, sobre todo, mirar.
Información extraída íntegramente del diario "Público", artículo de JUANMA ROMERO - San Lorenzo de El Escorial - 07/08/20008.
Due3
10 agosto 2008
Vicente Colom

Vicente Colom nació en Valencia en 1941 y a la temprana edad de 14 años comenzó a trabajar en la imprenta fundada en 1887 por Luis Farinetti que, por aquel entonces bajo la supervisión de Ernest Furió, realizaba el timbrado en relieve a través de placas de acero grabadas a mano con buril. Ésta actividad a la que dedicaría más de una decena de años, sería el elemento provocador de su interés y admiración por los pintores grabadores como Rembrandt, Goya y Durero, de los que reconoce algunas huellas e influencias en su arte.
Paralelamente, se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos hasta 1965, fecha en la que partió para París, donde viviría durante tres años, regresando a España tras los acontecimientos revolucionarios del Mayo del 68.
En esta ciudad sobrevivió dando clases de Yoga en el Centro Cultural de la India y trabajando como grabador. Sería en Paris cuando Colom se inclinaría casi definitivamente por el dibujo a pluma. Sus múltiples visitas al Musée Guimet, Musée Nacional des Arts Asiatiques, en cuyas colecciones se pueden encontrar importantes muestras de pintura tradicional china, le reafirmaron en el objetivo de conseguir las máximas calidades y volúmenes a través del blanco
y negro, del claroscuro y del dibujo.
En 1969 conoció a Federico Roble, director de la Galería Fortuny de Madrid, quien le introdujo en el entramado artístico de aquellos años. Un año antes de su llegada, había tenido lugar en la Galería Eurocasa de Madrid y posteriormente lo haría en la Galería As de Barcelona, la exposición «Antes del Arte» cuyo objetivo, según el teórico del grupo, Vicente Aguilera Cerni, era “rastrear el camino que va de la ciencia al arte”. En la misma línea de investigación, se proyectarían experiencias similares como las organizadas por el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid y, por otra parte, se reafirmaría la reacción de carácter heterogénea de la «Nueva Generación» contra la poética del informalismo, que Juan Antonio Aguirre consiguió plasmar en su libro Arte último, publicado en 1969.
Tras residir dos años en Asturias, se estableció en 1972 en Madrid donde compartió estudio con Vicente Peris hasta 1974. Ese mismo año también conoció en Munich a Pamela Shuts, una bailarina norteamericana con la que convivió durante siete años y a la que debe sus series sobre el movimiento y la figura humana: músicos ambulantes tocando instrumentos, violinistas en plena acción, tipos populares y especialmente aquellos temas dedicados a la danza. En 1975 comenzó su amistad con Raúl Chavarri, quien lo apoyaría y orientaría en su trayectoria artística. Durante finales de los setenta y principios de los ochenta, Colom compaginó la pintura al óleo y a la cera de corte expresionista –desnudos y paisajes- con el dibujo a pluma. Éste último prevalecería a partir de esos momentos y se caracterizaría por una cumulación dibujística tanto de contornos como de masas delimitadas en ciertas áreas del papel mientras que otras zonas quedaban presas, ocupadas por el vacío. Espantapájaros, pantalones y chaquetas melancólicas, hamacas, arlequines fueron sus temas preferidos. Los objetos parecían flotar en un ambiente inexistente, desolado, trasmitiendo desasosiego e inquietud como claro síntoma de la descomposición del soporte social tradicional de aquella España. Chavarri lo definió como un “remanso del realismo mágico o fantástico” de Franz Roh, como un “suscitador de imágenes capaz de convocar lo irreal, lo imaginable, y de construirse en una avanzada de pensamiento y de
las emociones más allá de los límites de la propia mente”.
Vicente Colom se mantuvo siempre independiente tanto de tendencias de corte realista, de lo cotidiano, como del hiperrealismo importado de Gran Bretaña y Estados Unidos, así como el pop y crítica socio-política tampoco llamaron su atención. Sin duda alguna, el conservar su independencia, ha sido una de las razones por las que Colom siempre ha compaginado su carrera artista con la de decorador y anticuario. Para él la decoración es un collage, un juego de combinación y de combinaciones eclécticas, mientras que el dibujo le conduce a la creación controlada y razonada. Colom dibuja del natural, su medio es la plumilla.
Colom se entusiasma por el detalle, por el acabado del dibujo “porque el realismo le permite especular con el fondo poético de las cosas”. Suele retomar sus temas una y otra vez tras largos descansos, puesto que para él sus series son formas distintas de ver y observar el mismo objeto o secuencia. En sus variaciones los contrastes y claroscuros se observan con mayor grado en la naturaleza y la plumilla permite esa elaboración de valoraciones y degradaciones tonales establecidas por un entramado de líneas y por el trazo continuo y uniforme pero aplicado rítmicamente. Pero sus paisajes no son del todo reales, los elementos que los conforman han sido alienados y aislados a través del detalle. En palabras de Román de la Calle, Colom "...simula y
construye –a partir de imágenes de la realidad más próxima y cotidiana- todo un universo imaginario, en un doble sentido de universo elaborado a partir de imágenes y de universo conformado a través de juegos de la imaginación".
Información extraída integramente del IVAM.
09 agosto 2008
Nicolas Tilly

Echad un vistazo a las acuarelas de Nicolas Tilly, aunque los demás trabajos tampoco tiene desperdicio.
29 julio 2008
Masayuki Kido

Masayuki Kido es un japonés que realiza autenticas virguerías de animación y programación en Flash. Visitad su página web.
15 julio 2008
Radiohead - House of Cards
La banda británica Radiohead vuelve a abrir caminos en la industria de la música y su inevitable hermanamiento con el mundo digital e Internet. Si el año pasado colgaron íntegro su último álbum (In Rainbows), ahora, para su single House of cards, han realizado un vídeo sin utilizar cámaras: sólo láser y datos. Estos datos, además, se pueden descargar y usar libremente en una página alojada por Google y bajo una licencia Creative Commons. Este tipo de licencia supone la cesión al público de ciertos derechos de propiedad intelectual bajo determinadas condiciones.
Las tecnologías empleadas en el vídeo permiten capturar imágenes en 3D del mundo real sin emplear lentes. Se trata de un sistema de geometría informática que produce un haz de luz que registra imágenes tridimensionales si se proyecta a poca distancia del objeto. Ha sido empleado para los planos cortos. La banda, además, ha utilizado un sistema denominado Voldyne Lidar que utiliza varios lásers para capturar entornos de mayor tamaño, como paisajes.
En este vídeo los exteriores han sido rodados por 64 lásers en rotación que disparaban en un radio de 360 grados y 900 veces por minuto.
Implicación de Google
La información sobre la elaboración del vídeo está disponible en una página de Google, desde donde además es posible ver el vídeo, manipular los datos con un simulador y descargarse la aplicación informática para realizar una grabación similar. Lo único que en esta ocasión no está libre de derechos es la música.
Información integramente extraída de ELPAÍS.com - Madrid - 15/07/2008






