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11 noviembre 2009

07 junio 2009

Parque temático de la confusión Las propuestas más interesantes y los notables esperpentos de la Bienal de Venecia

Si las bienales de arte siempre buscaron deslumbrar, fue el pabellón principal de la pasada cita de São Paulo (que mostró un vacío absoluto) el bautismo del arte más rompedor como medio para explicar el mundo en que vivimos. La 53ª edición de la Bienal de Venecia -que ayer amaneció con la plaza de San Marcos anegada- arranca tras días de mostrarse a periodistas y otros elegidos (hoy se abre al público) con la intención de rescatar el espíritu primigenio de una celebración del arte contemporáneo como ésta. Participan artistas de 77 países y, fuera del circuito oficial, hay más de 40 eventos de primer orden, que este año han sido unas de las grandes atracciones. Propuestas interesantes y notables esperpentos. Sea como sea, el interés por la clase de arte que provoca (sensaciones, emociones, asombro o un monumental cabreo) sigue más vivo que nunca. Pero también hay sitio para el arte profundo, como así lo han atestiguado estos días las larguísimas colas que desbordaban los pabellones de EE UU, Gran Bretaña, Holanda y Polonia.

Media hora antes de la apertura (a las 10.00) del recinto de los Giardini, lugar de los pabellones oficiales, la cola ya llegaba hasta el borde de la laguna. Todo por lograr ver la pieza estrella de la Bienal: la película titulada precisamente Giardinien la que durante 50 minutos se recrea la soledad que vive este espacio en invierno, cuando no hay actividad y los perros campan a sus anchas como únicos habitantes de estos jardines. En una doble pantalla se van sucediendo escenas que no adornan ninguna narración. Por todo sonido se escucha, de vez en cuando, el de las campanas de las iglesias, el paso de los vaporetoso las pisadas caninas. ¿La acción? Hay ananás que trepan por la corteza de los árboles, las lombrices asoman entre las juntas de las baldosas y las lagartijas se deslizan bajo las zarzas. ¿Y el tema? Como en otros trabajos suyos, Steve McQueen habla del cambio de identidad que sufren personas y cosas en diferentes momentos y por diferentes circunstancias. El resultado genera una mezcla de melancolía y tristeza. Silencio de asombro y aplausos cerraron el viernes la segunda proyección de la mañana.

Las colas crecían y crecían a escasos metros del crecer de las plantas del artista que dirigió la multipremiada película Hunger (2008). Aguardaban para entrar en el pabellón de EE UU, ocupado por Bruce Nauman (Indiana, 1941), artista multidisciplinar de quien se exhiben dos bellas instalaciones, plenas de luz y sonido, fuera de la Bienal y que será nombrado doctor honoris causa el lunes en la Universidad de Venecia. Nauman ha rodeado su pabellón con neones nada menos que para hablar de virtudes como la prudencia, la justicia, la fortaleza o la templanza en una pieza globalmente tituladaTopological gardens. En el interior, expone tres impresionantes montajes. En uno cuelgan, a modo de móviles, 15 pares de manos rozándose. En la siguiente habitación penden del techo cabezas cuyos moldes son de voluntarios amigos. El espacio final está ocupado por una gran fuente de la que saltan piezas en formas caprichosas. El intercambio de experiencias e interacción con el espectador centran el tema del pabellón.

En el de Polonia, Krzystof Wodiczko presenta Huéspedes, centrado en los inmigrantessin papeles que aparecen como sombras intuidas tras ventanales opacos. Se completa con una performance exterior con voces y gritos que contrastan con el silencio interior, realizada por Elena Elagina e Igor Makarevich.

El fiasco principal se encuentra en el Arsenale, donde los participantes responden a la propuesta de esta edición: Construir mundos. Se trataría en realidad de crear arte para construir mundos. El resultado es una acumulación de obras cuyos autores parecen no haber ido mucho más allá del enunciado de la convocatoria. Parece un chiste, pero abundan las instalaciones a base de sacos de cemento, montañas de clavos o haces de maderas para tejados que sorprenden tanto como pasman. Algunas divierten, como las postales de una Venecia inexistente que reparte la artista polaca Aleksandra Mir; impresionan, como la instalación con hilos de oro levemente iluminados de la brasileña Lygia Pape; o conmueven, como los espejos que va rompiendo Michelangelo Pistoletto cada día. En general, sin embargo, el resultado parece el de un parque temático centrado en la confusión.

Quizá ése es el mensaje que se buscaba porque la confusión continúa en los Giardini, donde la exposición internacional sigue en el renovado pabellón de la bienal, cuya fachada ha sido ocupada por un monumental paisaje idílico de mar y palmeras de John Baldessari, artista que ayer recibió el León de Oro a la carrera, una distinción que compartió con Yoko Ono. La artista y viuda de John Lennon presenta en el Palazetto Tito de Venecia Anton's memory, homenaje a la vida de una madre explicada por su hijo y que ayer mismo realizó una de sus performances. También está en los Giardini con una de sus obras históricas, Instruction pieces, en las que en sencillos carteles anima al público a, por ejemplo, "escuchar los latidos del corazón". Buena idea.

Información: "EL PAÍS". ÁNGELES GARCÍA / CATALINA SERRA - Venecia - 07/06/2009

04 junio 2009

Gerhard Richter, entre la pintura y la fotografía

Gerhard Richter (Dresde, 1932) lleva décadas fusionando la pintura con la fotografía y desafiando el debate tradicional que se entabla entre los dos medios: lo real frente a lo abstracto; lo objetivo frente a lo subjetivo. La Fundación Telefónica, en el marco de PhotoEspaña, plantea este reto en la muestra Fotografías pintadas, una serie de más de 400 imágenes, la mayor parte de ellas inéditas, ya que forman parte de colecciones privadas y raramente han salido de ellas.

Se trata de fotografías del álbum familiar del artista, imágenes de su familia, de su estudio, de su mujer amamantando a uno de sus hijos... Sobre ellas aplica capas de pintura hasta crear otra obra nueva, distinta, que no es fotografía y tampoco una pintura abstracta. "En las fotos hay dos realidades: la de la pintura y la de la fotografía", explica el comisario de la exposición, Marcus Heinzelman. "Cada uno verá una interpretación distinta de lo que ve en las obras. A Richter le preguntaron una vez y él respondió que sus obras eran más inteligentes que él", añade. De hecho, él buscaba el elemento "sorpresa", y si no lo encontraba, desechaba el intento. "Por eso cerca del 50% de su producción fue desechada", señala el comisario.

La mayor parte de las obras expuestas son de pequeño formato. La técnica es sencilla. Con la ayuda de una espátula, a veces Richter arrastra la fotografía por la pintura aún húmeda; otras veces coloca la foto al borde de la espátula y extiende la pintura sobre ésta, o salpica gotas de pintura. Heinzelman explica que el artista realizó estas piezas con el óleo que le sobraba de sus grandes lienzos.

Cada pieza adquiere un nuevo significado que será distinto para cada espectador. "La dinámica entre foto y pintura se torna una dinámica de revelación y ocultación, de visión y ceguera, de juego de una dimensión contra la otra, de creación de ambigüedades entre ellas. ¿Dónde termina la pintura y empiezan esas hojas y ramas? Los colores de los cielos, las hierbas, los edificios, la ropa fotografiados se mezclan o contrastan con la pintura, que abre, cierra o envuelve mi visión cuadno contemplo la imagen que ha recibido una nueva y asombrosa profundidad gracias a las pinceladas interventoras", escribe la novelista y ensayista Siri Hustvedt -casada con Paul Auster- en el catálogo editado con motivo de esta exposición.

Fuente:"El País" por ISABEL LAFONT

31 marzo 2009

Herramienta para aprender el Diédrico


En esta página Paco Aguero nos ayuda a entender mejor el sistema Diédrico.

02 diciembre 2008

ENTREVISTA: ANISH KAPOOR Escultor "Ando en busca del no-objeto"

El arte islámico prohíbe la representación de seres vivos y en el cristiano abundan. La intervención del escultor angloindio Anish Kapoor (Bombay, 1954) en la sala Sahrq al-Andalus, dentro del monasterio de las Claras, en Murcia, parece combinar ambos preceptos. Un gran espejo cóncavo compuesto de celdillas octogonales refleja claramente en las mínimas superficies al espectador que se aproxima. Si da unos pasos atrás sólo verá el efecto óptico de formas geométricas. Islamic Mirror es la primera de una serie de obras en el espacio público que ha iniciado la Consejería de Cultura de la región y la Fundación Bancaja. La pieza, que permanecerá en este emplazamiento hasta el 10 de enero, alude al tránsito formal, matemático y geométrico entre el cuadrado y el círculo. Un problema que ha preocupado históricamente a la ciencia, el arte y el misticismo, según la comisaria de esta muestra, Rosa Martínez. El artista, que no pudo asistir a la inauguración contestó a esta entrevista por e-mail.

Pregunta. La instalación Islamic Mirror se presenta como una precisa y poética síntesis de geometría y espiritualidad. ¿Cómo ha llegado a la concepción de esta pieza?

Respuesta. Islamic Mirror surge de un largo proceso en el que he venido trabajando con espejos cóncavos. Este tipo de espejos reflejan el mundo de forma invertida. El hueco se convierte en un espacio lleno de reflejos y no simplemente en un espejo curvo. Se trata de una realidad perceptual y física. Islamic Mirror procede del estudio de las matemáticas islámicas y la repetición de dibujos. Cada uno de los pequeños espejos es plano, y por lo tanto refleja una imagen que se corresponde con la real. Sin embargo, como superficie continua, la obra da una imagen invertida. De esa forma, Islamic Mirror refleja a la vez la imagen en posición normal y al revés.

P. ¿Qué cualidades de los espejos le interesan más para su obra: el reflejo del espectador (y su complicidad), la invisibilidad, la frialdad...?

R. Los espejos son objetos muy complejos. Durante muchos años realicé formas cóncavas muy oscuras. Creaban espacios "llenos" de oscuridad. Los espejos cóncavos con los que he trabajado están llenos, de la misma forma, de esa cualidad especular. Ando en busca del no-objeto. En los espejos me interesa su calidad de material no objetual.

P. Suele hacer estudios sobre la percepción de la escala para cada una de sus obras. Tanto el efecto físico como el psicológico. Creo que usted ha hablado en alguna ocasión de "escultura mental". ¿Qué quería decir?

R. La escala lo es todo en escultura. No temo hacer piezas grandes pues la enormidad es una de las herramientas de la escultura. Citando a Barnett Newman, la escala es cuestión de contenido, no de tamaño. Por eso es importante tener en cuenta el significado y el sentido de una pieza que nos seduce con su poesía. Como creo profundamente en la idea del no-objeto, puedo concebir una obra que exista sólo en la imaginación.

P. La experiencia al ver su obra suele despertar una reacción emocional inmediata en el espectador. ¿Despertar esas reacciones es algo que usted planifica en sus obras?

R. El espectador tiene que manejar su propia emocionalidad. Mi trabajo es sólo provocarla. El arte puede tener el poder de crear cierta intimidad y me interesa crear obras que establezcan una relación íntima y formal con el espectador.

P. Memory, la nueva escultura que inauguró este fin de semana en el Guggenheim de Berlín, ocupa -obstruye- casi por completo una sala. ¿Qué es lo que más le interesa en la relación entre escultura y arquitectura?

R. Memory es en cierto modo una "escultura mental". Sólo permite una visión restringida de sí misma y del espacio en el que se encuentra. Para poder tener una imagen total de ella hay que reconstituir tres perspectivas distintas. Ya hice algo relacionado con esto en mi instalación titulada Marsyas en la Sala de Turbinas de la Tate Modern, donde nadie podía tener una visión completa de la obra, y el objeto parecía mayor que el espacio que ocupaba.

Fuente: EL PAÍS

28 noviembre 2008

A. Gilmore



Aquí tenéis un enlace a algunos trabajos de A. Gilmore.

19 agosto 2008

El Aula 28, una obra de arte


En el IES “Biello Aragón” de Sabiñánigo (Huesca) un grupo de profesores y alumnos cubrieron
los muros de un aula con pinturas medievales.
Por Severino Pallaruelo

Tras cuatro años de trabajo el espacio quedó transformado: del habitual entorno blanco de las clases se pasó a un envoltorio lleno de colores y de formas que sorprende por la calidez y ofrece un interesante material didáctico para los temas de historia y de arte.

Un aula con altos techos blancos
El “Biello Aragón“ ocupa unos edificios construidos hace 25 años en torno a un patio central porticado. En el piso superior hay varias aulas con altos techos abuhardillados, que reciben luz natural por ventanales orientados a levante y a poniente. Fueron estas condiciones las que inspiraron a los profesores la idea de las pinturas.

El proyecto
Una vez tomada la decisión de cubrir el interior de un aula con pinturas, costó poco decidir qué se iba a pintar. Si se quería que la participación fuera amplia, y contando con que ni el alumnado ni el profesorado tenían experiencia alguna en este terreno, no podían elegirse obras de gran complejidad técnica. Las pinturas medievales, donde la perspectiva y el estudio de la luz no cuentan y las figuras se trazan con líneas sencillas y bien perfiladas, ofrecían un modelo adecuado.
Primero se trazó un programa iconográfico coherente y después se buscaron las figuras que se adaptaban al mismo. En el techo se representaría el mundo religioso ordenado según la jerarquía que aparece en los templos medievales. En el zócalo iría el mundo de los muertos. Entre ambos, cubriendo los muros, se situaría el mundo de los vivos, los estamentos de la sociedad medieval, los trabajos de cada mes, la caza, el pastoreo…
Mediante la consulta de publicaciones acerca de las pinturas murales románicas y de los códices miniados se fue conformando un banco de representaciones donde no sólo aparecían escenas o figuras sueltas sino un gran número de orlas que permitirían completar y enmarcar las secuencias elegidas.
Sobre los dibujos a escala de los muros y del techo se iba colocando el programa diseñado hasta comprobar que se ajustaba a los espacios que debía cubrir. A la vez íbamos resolviendo los temas prácticos: qué tipo de pintura usaríamos, cómo conseguiríamos los andamios, de qué modo simplificaríamos mediante el uso de plantillas el trazado de las orlas geométricas, qué haríamos con la instalación eléctrica, etc. etc. Quince días después ya teníamos los andamios colocados y comenzaban a aparecer en los muros las figuras de los frailes, de los guerreros y de las campesinas medievales. Lo que no esperábamos era pasar cuatro años con la clase invadida por los andamios y con los pupitres repartidos entre los amarillos tubos metálicos que sostenían las plataformas desde las que pintábamos por la tarde.

Un proceso largo y laborioso
Quizá si hubiéramos sabido que iba a ser tan largo no habríamos empezado. Fuimos optimistas. Dijimos: esto en Navidad está acabado. Trabajábamos dos tardes cada semana, fuera del horario escolar, desde las cuatro hasta las ocho, a veces hasta las nueve. Solíamos acudir tres o cuatro profesores y algunos alumnos, unos días dos, otros tres o cuatro, a veces media docena. En los días inmediatamente anteriores a las vacaciones, esas jornadas tan difíciles de organizar porque ya se ha hecho la evaluación y aún no ha comenzado el nuevo trimestre, reunimos a veinte alumnos y alumnas en los andamios durante seis horas cada día. Se avanzó mucho, pero fue insuficiente: las vacaciones llegaron y no habíamos cubierto ni una octava parte de la superficie. No importa, dijimos, para el verano estará acabado todo. Pero al llegar junio sólo habíamos pintado una cuarta parte del total. Estaba ya la majestuosa figura del Cristo de Taull y los doce apóstoles, estaban los guerreros y las campesinas, los cazadores, los pastores, Adán y Eva, San Miguel pesando las almas y algunos diablos. Pero todavía faltaba mucho.
El cuarto año hubo un momento de peligro. La obra parecía eterna y comenzábamos a estar hartos de colores y de figuras con rostro hierático. No teníamos ganas de seguir pintando caras con enormes ojos inexpresivos y manos acartonadas. Pero estábamos decididos a acabar la obra iniciada. Cambiamos de tema. En lugar de los oficios artesanales y de la vida en las ciudades medievales, que figuraban en el programa planteado para el cuarto muro, decidimos pintar dos trampantojos de arquitectura: una portada románica y un claustro. Todo en colores suaves, en una gama de ocres y de grises que permitiera descansar la vista y creara una sensación de continuidad espacial, de profundidad. La idea resultó oportuna: infundió nuevos ánimos a los pintores y permitió acabar el proyecto.

La iluminación
La instalación eléctrica original del aula había sido arrancada porque las conducciones estorbaban para realizar las pinturas. Era necesario colocar nuevas luces que cumplieran la doble función de servir a los usuarios habituales del aula y de alumbrar las pinturas. La tarea no resultaba fácil: los haces de luz que servían para una cosa estorbaban para la otra. Del proyecto y de la instalación se encargaron los alumnos de la rama profesional de electricidad que se imparte en el mismo instituto, dirigidos por el profesorado de la especialidad. Finalmente el alumbrado estuvo listo y el proyecto se dio por concluido. Los focos supusieron el mayor gasto. Lo demás no había costado apenas nada. Cien euros para pintura. Eso fue todo.

Multidisciplinar y transversal
El impulso inicial de proyecto fue sólo eso: un impulso. Teníamos ganas de hacer algo, nos seducía la idea de transformar el espacio, queríamos notar la sensación de vernos envueltos en colores y en formas aprovechando la amplitud del espacio y la calidad de la luz. Nada más. No hicimos cálculos acerca de cuánto tiempo podía costar cubrir con figuras casi doscientos metros cuadrados de muro, no se realizó una programación exhaustiva donde se descompusieran explícitamente los objetivos, ni se redactó un cronograma realista. Sabíamos que realizaríamos tareas muy diversas, que aprenderíamos –todos, el alumnado y el profesorado– muchas cosas y que invertiríamos mucho tiempo. Nada más.
Hay cosa que son fáciles de programar y de evaluar: cómo se emplearán las imágenes para trabajar el estudio de la mentalidad y de la sociedad medievales, qué uso se hará de las mismas para explicar el arte románico o cómo contribuirán al conocimiento de la historia de las religiones. Todo eso se pensó al programar la actividad y sigue teniendo vigencia. Pero la obra tuvo otros valores con incidencia particular en quienes participaron en la realización, en aquellos profesores y alumnos que pasaron muchas horas en los andamios pintando, debatiendo acerca de los problemas que se iban presentando, fabricando colores, elaborando plantillas de cartón, dibujando siluetas a lápiz, manejando taladros, amasando yeso, moviendo y montando andamios, planificando las tareas, modificando las previsiones. Fue un aprendizaje no previsto, algo muy instructivo no planificado: la suma de competencias que exige la culminación de un proyecto amplio y complejo. Y la audacia. A veces va bien ser audaces en los proyectos, implicar a mucha gente, imaginar tareas grandes. Las cosas que parecen sólo juegos no acaban de atrapar a algunos alumnos y a muchos profesores. Los más entusiastas quieren hacer cosas de verdad. Hasta cuando juegan.
Las pinturas quedaron concluidas. El aula se ha empleado con normalidad para dar clases de geografía y de historia. A veces han venido grupos escolares de otras ciudades a verla. A quienes pintamos nos gusta mirar la cara que ponen los que llegan a contemplarla por primera vez: muestran en los ojos cierto asombro y un poco de incredulidad. Les parece raro que en la obra participaran alumnos y alumnas como ellos. También en eso hay una lección que aprender: con entusiasmo, constancia, laboriosidad y trabajo en equipo pueden hacerse más cosas de las que uno se imagina.

Información extraída íntegramente de la REVISTA PROFESIONAL. Nº 515, Mayo 2008, del sindicato ANPE.

11 agosto 2008

Cómo pintar sin miedo

A veces el miedo come a los artistas, les devora, les paraliza y les deja sin fuerzas. A veces el miedo no les deja pintar con total libertad. A veces pintar no es fácil. Miedo, miedo, miedo.

La sensación reverbera en las almas de los ocho pintores que Juan Genovés (Valencia, 1930) ha escogido para el taller que imparte en los cursos de verano de la Universidad Complutense en San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Ocho de entre sesenta solicitudes.

Otra vez el ritual de espantar a los demonios que atenazan a los creadores, el santo oficio de ayudarles a liberar su angustia.

"Durante demasiado tiempo se han alimentado los mitos. Se ha divinizado la soledad del artista, se ha fomentado la rivalidad con sus colegas. Y siempre hubo talleres. Los pintores no pueden mirar su ombligo, necesitan relacionarse con otros. Solo no sabes traspasar los límites, los miedos", explica el artista.

¿Miedo a qué? Genovés esboza una sonrisa franca; los ojos se tornan espejos, miran hacia su dilatada trayectoria. Hacia tantas y tantas obras, tantos y tantos premios. El peso incluso de su mítico lienzo Amnistía, símbolo de la Transición: "A veces uno no sabe qué es el miedo. Temes enfrentarte a la tela en blanco, fracasar, no gustar... Y no arriesgas. Yo les digo que hagan barbaridades, que intenten lo imposible. Estoy aquí para hacerles valientes. Deben buscarse a sí mismos, procurar la autenticidad más que perseguir la originalidad".

La válvula de escape

Genovés sugiere, incentiva. Camina entre las obras, paladeando cada paso con sus masais castaños en los pies. Las escanea con la mirada. "Te falta la sorpresa", le susurra a uno de sus alumnos, le pide riesgo.

Que no repita y experimente. Puede expandirse en el taller, forrado de plástico, salpicado de gotas de pintura. Los soportes (papel o lienzo) se comen el pavimento. "La gran conquista fue poder pintar en el suelo. Lo hacía Fra Angelico en el siglo XV y después Pollock y Picasso. Pintar es oficiar. Poner en vertical tu obra cuando la has concluido es sellar ese ritual. Deja de ser tuya. Es de los demás, de los espectadores, los dueños reales del cuadro", ilustra.

Trinidad Trull, a escasos metros, acaricia un pequeño fragmento de papel embadurnado de pigmento. Es una pieza de su collage, de ese puzle que, completado, dará vida a la cara de una niña. "Soy anestesista pediátrica en el Vall d'Hebron y hace 12 años descubrí la pintura. No he podido parar. Me sirve como válvula de escape para arrojar el estrés, el vacío y la pena que a veces se te queda dentro".

Trinidad quiere expresar los sentimientos del ser humano", llegar al fondo, y por eso aprecia la "lección de creatividad" de Genovés: "Nos enseña a arrinconar la cobardía, a usar nuevos recursos, técnicas que no están en los libros". Hay que sacar petróleo de uno mismo. Y la atmósfera lo da. El contacto con los compañeros. A veces también otro arte, la música: "Me he puesto Antony and the Johnsons y me he dejado llevar. Quería bailar con el pincel, sin pensar".

Estefanía Urrutia dice haberse redescubierto. De sentirse pintora realista a probar con nuevos trazos, nuevas manchas. "Te sorprendes de lo que eres capaz. Estos días he sacado la influencia de Matisse. Estaba ahí, dormida. ¡Esto está siendo una experiencia terapéutica!", dice.

Su voz de azúcar conduce al sentido del arte: "Hago pintura realista desde la honestidad. La propia realidad es algo fascinante a la que no quiero renunciar".

Cómo, y no qué

Más allá, Marta González Alique rechaza volver hoy a los cromos, la pintura figurativa, la que dibuja fielmente el mundo: "Busco vida, que la gente vibre, se emocione". Eduardo López, el único chico en el taller, persigue en cambio "el compromiso político", como el que Genovés ha pulsado en su carrera: "No podemos ser neutrales como artistas. Apoyas un bando u otro, el de los explotados o el de los explotadores. Hay muchos diamantes en bruto y muchos brutos con diamantes", concluye. López camina y se detiene ante su obra. Al momento, sobreviene la pregunta: ¿qué es?

La plástica no se puede explicar con palabras. La pintura no es literatura. Es otro lenguaje, el de la mirada, y ese hace falta educarlo", Genovés hilvana sentencias como puños. Lúcido, sereno, con la carga del inmenso bagaje de sus 78 insólitos años: "No importa qué expresas, sino cómo lo haces". Esto, la pintura, "es la vanguardia", musita. "No la retaguardia", precisa. Sigue viva. Se puede tocar. Y, sobre todo, mirar.

Información extraída íntegramente del diario "Público", artículo de JUANMA ROMERO - San Lorenzo de El Escorial - 07/08/20008.

Due3


Vistad la página de Due3, no tienen desperdicio sus diseños gráficos y sonoros.

10 agosto 2008

Vicente Colom


Vicente Colom nació en Valencia en 1941 y a la temprana edad de 14 años comenzó a trabajar en la imprenta fundada en 1887 por Luis Farinetti que, por aquel entonces bajo la supervisión de Ernest Furió, realizaba el timbrado en relieve a través de placas de acero grabadas a mano con buril. Ésta actividad a la que dedicaría más de una decena de años, sería el elemento provocador de su interés y admiración por los pintores grabadores como Rembrandt, Goya y Durero, de los que reconoce algunas huellas e influencias en su arte.
Paralelamente, se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos hasta 1965, fecha en la que partió para París, donde viviría durante tres años, regresando a España tras los acontecimientos revolucionarios del Mayo del 68.
En esta ciudad sobrevivió dando clases de Yoga en el Centro Cultural de la India y trabajando como grabador. Sería en Paris cuando Colom se inclinaría casi definitivamente por el dibujo a pluma. Sus múltiples visitas al Musée Guimet, Musée Nacional des Arts Asiatiques, en cuyas colecciones se pueden encontrar importantes muestras de pintura tradicional china, le reafirmaron en el objetivo de conseguir las máximas calidades y volúmenes a través del blanco
y negro, del claroscuro y del dibujo.
En 1969 conoció a Federico Roble, director de la Galería Fortuny de Madrid, quien le introdujo en el entramado artístico de aquellos años. Un año antes de su llegada, había tenido lugar en la Galería Eurocasa de Madrid y posteriormente lo haría en la Galería As de Barcelona, la exposición «Antes del Arte» cuyo objetivo, según el teórico del grupo, Vicente Aguilera Cerni, era “rastrear el camino que va de la ciencia al arte”. En la misma línea de investigación, se proyectarían experiencias similares como las organizadas por el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid y, por otra parte, se reafirmaría la reacción de carácter heterogénea de la «Nueva Generación» contra la poética del informalismo, que Juan Antonio Aguirre consiguió plasmar en su libro Arte último, publicado en 1969.
Tras residir dos años en Asturias, se estableció en 1972 en Madrid donde compartió estudio con Vicente Peris hasta 1974. Ese mismo año también conoció en Munich a Pamela Shuts, una bailarina norteamericana con la que convivió durante siete años y a la que debe sus series sobre el movimiento y la figura humana: músicos ambulantes tocando instrumentos, violinistas en plena acción, tipos populares y especialmente aquellos temas dedicados a la danza. En 1975 comenzó su amistad con Raúl Chavarri, quien lo apoyaría y orientaría en su trayectoria artística. Durante finales de los setenta y principios de los ochenta, Colom compaginó la pintura al óleo y a la cera de corte expresionista –desnudos y paisajes- con el dibujo a pluma. Éste último prevalecería a partir de esos momentos y se caracterizaría por una cumulación dibujística tanto de contornos como de masas delimitadas en ciertas áreas del papel mientras que otras zonas quedaban presas, ocupadas por el vacío. Espantapájaros, pantalones y chaquetas melancólicas, hamacas, arlequines fueron sus temas preferidos. Los objetos parecían flotar en un ambiente inexistente, desolado, trasmitiendo desasosiego e inquietud como claro síntoma de la descomposición del soporte social tradicional de aquella España. Chavarri lo definió como un “remanso del realismo mágico o fantástico” de Franz Roh, como un “suscitador de imágenes capaz de convocar lo irreal, lo imaginable, y de construirse en una avanzada de pensamiento y de
las emociones más allá de los límites de la propia mente”.
Vicente Colom se mantuvo siempre independiente tanto de tendencias de corte realista, de lo cotidiano, como del hiperrealismo importado de Gran Bretaña y Estados Unidos, así como el pop y crítica socio-política tampoco llamaron su atención. Sin duda alguna, el conservar su independencia, ha sido una de las razones por las que Colom siempre ha compaginado su carrera artista con la de decorador y anticuario. Para él la decoración es un collage, un juego de combinación y de combinaciones eclécticas, mientras que el dibujo le conduce a la creación controlada y razonada. Colom dibuja del natural, su medio es la plumilla.
Colom se entusiasma por el detalle, por el acabado del dibujo “porque el realismo le permite especular con el fondo poético de las cosas”. Suele retomar sus temas una y otra vez tras largos descansos, puesto que para él sus series son formas distintas de ver y observar el mismo objeto o secuencia. En sus variaciones los contrastes y claroscuros se observan con mayor grado en la naturaleza y la plumilla permite esa elaboración de valoraciones y degradaciones tonales establecidas por un entramado de líneas y por el trazo continuo y uniforme pero aplicado rítmicamente. Pero sus paisajes no son del todo reales, los elementos que los conforman han sido alienados y aislados a través del detalle. En palabras de Román de la Calle, Colom "...simula y
construye –a partir de imágenes de la realidad más próxima y cotidiana- todo un universo imaginario, en un doble sentido de universo elaborado a partir de imágenes y de universo conformado a través de juegos de la imaginación".

Información extraída integramente del IVAM.

15 julio 2008

Radiohead - House of Cards

La banda británica Radiohead vuelve a abrir caminos en la industria de la música y su inevitable hermanamiento con el mundo digital e Internet. Si el año pasado colgaron íntegro su último álbum (In Rainbows), ahora, para su single House of cards, han realizado un vídeo sin utilizar cámaras: sólo láser y datos. Estos datos, además, se pueden descargar y usar libremente en una página alojada por Google y bajo una licencia Creative Commons. Este tipo de licencia supone la cesión al público de ciertos derechos de propiedad intelectual bajo determinadas condiciones.
Las tecnologías empleadas en el vídeo permiten capturar imágenes en 3D del mundo real sin emplear lentes. Se trata de un sistema de geometría informática que produce un haz de luz que registra imágenes tridimensionales si se proyecta a poca distancia del objeto. Ha sido empleado para los planos cortos. La banda, además, ha utilizado un sistema denominado Voldyne Lidar que utiliza varios lásers para capturar entornos de mayor tamaño, como paisajes.
En este vídeo los exteriores han sido rodados por 64 lásers en rotación que disparaban en un radio de 360 grados y 900 veces por minuto.

Implicación de Google
La información sobre la elaboración del vídeo está disponible en una página de Google, desde donde además es posible ver el vídeo, manipular los datos con un simulador y descargarse la aplicación informática para realizar una grabación similar. Lo único que en esta ocasión no está libre de derechos es la música.

Información integramente extraída de ELPAÍS.com - Madrid - 15/07/2008